Una de las marcas que hoy en día tienen mucho éxito y se creó en
los años 40, fue Estée Lauder.
Estée Lauder era apenas una adolescente cuando
se preocupaba por el cuidado de sus manos y su piel.
Con recetas caseras y ayuda de su tío farmacéutico aprendió los
principios activos básicos de las formulaciones e ingredientes de las cremas
para el cuidado de la piel. Dedicó dos décadas a perfeccionar sus lociones y a
probarlas con amigos y familiares.
Empezó a venderlas de puerta a puerta y Estée innovó e introdujo
las demostraciones y las muestras gratis.
En 1946, Estée y su
marido Joseph Lauder, crearon la
marca Estée Lauder y empezaron a vender en Nueva York las fórmulas
cosméticas que creaban en su casa. Inicialmente sólo vendían cuatro productos,
y dos años más tarde comenzaron a vender en los exclusivos almacenes Saks, en la Quinta Avenida de la Gran Manzana.
Así, Estée Lauder, llego a montar una de las mayores empresas de
cosmética del mundo.
Un maquillador muy destacado en la década de los 40 fue Allan
“Whitey” Snyder, quien fue el maquillador personal de Marilyn Monroe.
Acompañó a Marilyn en su carrera desde el inicio hasta su muerte,
con quien desarrolló un estilo de maquillaje muy particular y lleno de
secretos. Desarrolló un maquillaje que incluía cremas humectantes como Nivea o
incluso aceite de oliva.
Fue el maquillador que creó el que probablemente sea el look más
emblemático de todos los tiempos, el de Marilyn
Monroe.
Whitey,
como le llamaban, fue un reconocido maquillador de Hollywood. Tuvo una larga y
exitosa carrera como maquillador de cine, que despegó en 1948 en la película “Los Muros de Jericó”.
Fue además el maquillador de Marilyn
a lo lardo de toda su carrera: desde su primera prueba para “Twentieth Century Fox” en 1946 hasta su
funeral en 1962.
La pareja desarrolló una relación muy estrecha a lo largo de los
años. Tanto es así que poco antes de su muerte, Monroe le pidió a Snyder que en
el caso de morir antes que él, la maquillara para su funeral, y así lo hizo.
Para Marilyn, Allan Snyder creó un look jugoso, muy iluminado
(Marilyn no salía de casa sin una capa de vaselina o crema Nivea como base de
maquillaje). Tenía muy claro que la belleza equivalía a juventud y la juventud
sólo se conseguía con un cutis jugoso e hidratado a veces casi brillante.
Otro de los puntos clave del maquillaje de Marilyn eran los
contornos. Snyder se centró mucho en estudiar su estructura ósea para resaltar
al máximo sus pómulos y redibujar su nariz para hacerla aún más estrecha.
Las pestañas de Marilyn, siempre parecían grandes y pesadas que
provocaban una sombra seductora debajo del ojo. Esa “sombra” fue en realidad
obra de Allan Snyder, otra de sus
señas de identidad, al igual que la fórmula a base de ceras de los labiales y
brillos que Snyder creó para conseguir los increíbles labios de Marilyn.
Whitey fue nominado dos veces a los premios Emmy de maquillaje por
un trabajo en el telefilm “Marilyn: la
historia jamás contada” (1978) y por “La
casa de la pradera” (1981).
Respecto a los diseñadores destacables de la época, uno de los
principales fue Pierre Balmain.
Nacido en 1914 en Francia, sus creaciones se distinguían por ser
diferentes a las demás. Diseñó diferentes tipos de moda, desde los pantalones
“pirata” hasta elegantísimos trajes de cóctel y sugerentes trajes de noche.
Una de sus creaciones más famosa es la “blusa maniquí”,
confeccionada en algodón blanco, con mangas de volantes y bordados; a parte,
los colores luminosos y estampados alegres se convirtieron en el distintivo de
la marca.
En 1945 presentó su primera colección en Paris, caracterizada por
faldas largas y acampanadas de cintura estrecha (conocidas más adelante como el
New Look de Dior). Estos diseños constituyeron las piezas más impactantes de su
colección.
Famoso por su sofisticación y elegancia, los diseños de Balmain no solo se quedaron y gustaron en Europa, si no que, en los años 50, abrió tiendas en Estados unidos también, comenzando su andadura por allí, con prendas prêt a porter, triunfando tanto como en Europa. Con estas prendas demuestra su habilidad para simplificar, tanto trajes a medida como vestidos de gala, con líneas flexibles. Afianza entonces los rasgos que rápidamente definieron su estilo: bordados en oro, bronce y perlas, sombras pastel. Rasgos que todavía hoy definen las colecciones de la firma.
Trabajó no solo para la moda, sino también en teatro y cine,
vistiendo a divas de la época como Mae West o Joshepine Baker.
Además de sus sofisticados diseños, se lanzó, en 1946, a la
producción de perfumes, apareciendo en este mismo año, el perfume Ely 64-83,
dedicado a su madre.
Aunque conocido por su sofisticación y elegancia, y por ser el
creador del estilo Jolie Madame, siempre estuvo inspirado en el ideal de la
belleza clásica.
Otro maestro de la alta costura reseñable de la época, y de todas
las venideras, fue Christian Dior.
Nacido en Francia en 1905, y fallecido en
Italia en 1957, revolucionó la moda de post guerra de los años 40. Lanzó el
llamado “New Look”, que trataba de una moda femenina en todos los aspectos,
ostentosa y que destacaba las curvas, además de elegante.
En 1946, respaldado por un magnate textil
de la época (Marcel Boussac, llamado el “rey del algodón”), consiguió
establecer una casa de costura en Paris.
Pero es especialmente en 1947, con el
llamado New Look, sobrenombre dado por la editora de Vogue, Gertrude Stein,
cuando comienza a ser especialmente conocido Dior.
Su New Look consistía en un estilo de
costura para mujer, que propone hombros torneados, cintura fina y la falda muy
amplia en forma de corola a 20 centímetros del suelo.
Representa la elegancia clásica y la
vuelta de una imagen femenina, suponiendo la recuperación del lujo y el exceso
tras la depresión de la Segunda Guerra Mundial.
Desterró los conjuntos uniformados que se
llevaban hasta el momento, a la vez que, convirtió a las mujeres que vestía, en
símbolos de femineidad. Recuperó la elegancia clásica, reinterpretándola y
adaptándola con las prendas que ya existían.
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